jueves, 9 de febrero de 2012

Los errores de mi primer año como traductor autónomo

Traducción

Los errores de mi primer año como traductor autónomo

El tiempo pasa volando, o eso me parece a mí. Hace ya un año que estoy dado de alta como autónomo y cada día que pasa estoy más seguro de que tomé la decisión correcta. Eso sí, hoy toca hacer examen de conciencia  porque he cometido algunos pecados que debo corregir si quiero mejorar como profesional.
¿Cuáles son mis miserias? Todas están relacionadas con el tiempo. Y también, en parte, con el temor de tener que acabar empeñando la cadenita de oro que me regalaron por mi primera comunión para seguir pagando la cuota de la Seguridad Social (que es algo así como la menstruación de un autónomo: sabes que te la cobran todos los meses y que «duele» más o menos en función de lo que hayas ingresado ese mes).
  • Sentir pánico en épocas de poco trabajo. Recuerdo que marzo fue un momento especialmente duro. Me había pasado todo el mes de febrero embarcado en dos proyectos de bastante volumen y, de la noche a la mañana, no recibía nuevos encargos. Es decir, me pasé de optimista —creía que tendría ese volumen de trabajo todos los meses— y cuando pasé tres semanas sin recibir prácticamente ningún correo de mis clientes me di de bruces con la realidad. Lo peor fue que apenas aproveché ese tiempo, pues estaba pendiente en todo momento del correo electrónico. Al final, evidentemente, mis clientes se volvieron a acordar de mí.

    Propósito para este año: aprovechar el tiempo libre cuando no haya trabajo a la vista y no pensar tanto en el dinero, que para algo tengo un fondo para imprevistos.
  • No saber decir «no». Existen las épocas de poco trabajo, pero también existen las de mucho trabajo. Me encontré varias veces en la siguiente situación: tengo un encargo de bastante volumen entre manos y otro cliente contacta conmigo para ofrecerme un nuevo proyecto, que también me apetece hacer. Como a) pienso que si le digo que no a ese cliente, no me volverá a llamar y b) soy un goloso, acabo por aceptar también ese encargo. Como consecuencia, acabo echando más horas al día de las que debería para tener los dos encargos listos a tiempo.

    Propósito para este año: negociar los plazos de entrega o no aceptar más proyectos que los que pueda atender.
  • Tener la sensación de no aprovechar el tiempo. «No he leído aquel artículo sobre tal programa para el ordenador», «al final no he escrito la entrada para el blog» o «ni siquiera he visto de qué se hablaba hoy en Twitter». Son cosas que me suelen reconcomer al final del día. Como asalariado, percibía mi trabajo como una parcela de media hectárea ya cultivada. Como autónomo, a veces tengo la sensación de que estoy en un páramo de diez hectáreas de superficie y que yo solo debo encargarme de plantarlo, abonarlo, regarlo, quitarle las malas hierbas y, de paso, atender a esa chica de la que estoy enamorado y que todos los días viene a hablar conmigo (la procrastinación). Acaba el día y parece que todavía está todo por hacer. Pero casi nunca es así.

    Seguramente se habrán quedado muchas cosas en el tintero, pero la mejor forma de avanzar en los grandes proyectos es mediante pequeños pasos. Y todos los días damos unos cuantos, aunque no los percibamos a primera vista. Siempre hay que tener presente que ser un buen traductor es un proyecto a largo plazo con una infinidad de objetivos por cumplir que no se pueden alcanzar en un solo día. Y como se suele decir, el mejor momento no es aquel en el que alcanzas el éxito (de la forma que sea), sino todo el recorrido que has hecho hasta recoger los frutos (que, por cierto, creo que son más sabrosos que los que recoge cualquier asalariado).

    Propósito para este año:  establecer tareas y objetivos más concretos, en vez de lamentarme por todo lo que está por hacer.
Y vosotros, ¿habéis hecho examen de conciencia? ¿Con qué piedras habéis tropezado o seguís tropezando en vuestro camino?

Enlace: http://www.vidadetraductor.com/2012/02/09/los-errores-de-mi-primer-ano-como-traductor-autonomo/

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